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Los Niños y las Mascotas

Cuando es pequeño, el niño comparte capacidades con el animal de compañía, especialmente porque ninguno de los dos habla y porque, en cierto modo, se encuentran en la misma situación física. Entonces se observan comportamientos de interacción entre ambos. Ello pasa por las miradas fijas (que resultan más fáciles porque el niño es pequeño y se desplaza gateando), las posturas, las entonaciones (balbuceo para el niño, gama de maullidos para el gato), los gestos.

Entre los 9 y los 14 meses el registro del comportamiento del bebé humano está muy cercano al del animal. Pero, aunque se trate casi de ego en términos de comunicación no verbal, la gran diferencia reside en el hecho de que el animal, especialmente el perro, está mejor dotado que el niño para descifrar lo que su compañero quiere decirle. El bebé por su parte tiene conciencia de algunas intenciones del animal, pero no es capaz de interpretarlas. Por ello la comunicación entre ambos es muy intuitiva.

Precauciones cuando conviven un bebé y un animal

La primera regla es estar siempre alerta y no dejar nunca al pequeño y al animal solos en una habitación. Un gato puede darle un zarpazo o un perro empujarlo, pero por lo general los animales nunca son agresivos porque sí. Si lo son, es porque están en una situación incómoda o sienten malestar. En ese caso, siempre hay avisos previos.

Los perros meten el rabo entre las patas, agacha las orejas y los gatos bufan o se hacen un ovillo los adultos tienen que estar atentos para detectar esos signos que el niño no puede descifrar, pero para evitar llegar a este punto, es fundamental que los padres desempeñen su papel de educadores frente al niño y frente al animal. Tienen que explicar al pequeño que el animal no es un juguete, que es diferente de nosotros. Eso significa que hay que saber decir al niño que no moleste al gato que duerme en el sofá en pleno día. Del mismo modo, hay que poner límites al animal.

Por último, hay que imponer algunas normas de higiene: lavarse las manos después de tocar al animal, evitar los lametones y el dormir juntos y, sobre todo, controlar la salud del animal llevándolo al veterinario al menos una vez al año.

 

 

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LA HIGIENE Y SU IMPORTANCIA EN LOS NIÑOS

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¿Cuando se debería empezar la educación de los niños acerca de los hábitos básicos de higiene personal? ¿Es una tarea de los padres solamente? ¿Cuáles son las recomendaciones que se deben seguir? ¿Siempre las abuelas tienen la razón sobre algunas costumbres? El cuidado de la limpieza personal en los niños es un tema complicado que debería ser una de las preocupaciones principales en el hogar.

En el caso de los bebés la atención a la limpieza queda en manos de las madres, pero cuando los niños pasan a la etapa escolar es necesario enseñarles los hábitos con el fin de que aprendan a cuidarse por sí mismos. Educarlos al respecto es una excelente vía para evitar infecciones y otras enfermedades. Los principios de una buena salud pueden ser internalizados en una edad temprana y serán la base para una vida saludable en la adultez. Por supuesto el ejemplo dado por profesores, personas que los cuidan o padres es la mejor manera de enseñar.

Una de las tareas más importantes de higiene que los niños deben perfeccionar y practicar es lavarse las manos. Esta destreza es muy importante porque los niños en edad pre escolar están comenzando a ocuparse por sus necesidades básicas (ir al baño) y es muy común que se propaguen las bacterias y los gérmenes. Por ello es crucial hacer que entiendan qué son esos organismos y la manera de combatirlos con el simple hecho de lavarse las manos. Otra cosa que deberían aprender es cubrir sus bocas cuando tosen o estornudan o a no compartir los utensilios de comer.

En casa, la limpieza de los dientes debe ser una rutina irreemplazable por la mañana y después de cada comida. Hay muchas opciones en el mercado en cepillos y pastas de diente sobre todo diseñadas para que sea más fácil y divertido para los niños el aseo bucal. Aunque los dientes de leche vayan a caerse a los seis años, ellos merecen la misma atención que los permanentes, al cuidarlos, el niño aprende a cepillar sus dientes correctamente para toda la vida. Una buena alimentación es el complemento ideal de la técnica del cepillado, converse con su niño sobre los alimentos sanos y sobre el daño que algunas cosas pueden causar, como caramelos, sodas, dulces y otros.

Con relación al baño diario, algunos chicos son amantes de agua y los otros solamente la odian. Pero esto no es cuestión de gustos sino de limpieza. Enseñe a sus niños a tomar baños cortos que ayudan a eliminar el sudor y la suciedad por el contacto con el suelo. Es innecesario el empleo de las enormes cantidades de jabón y champú que resecan la piel. Los padres deberían tener siempre en mente que no importa que tan expertos son los pequeños bañándose, siempre se requiere supervisión. Los padres o los adultos encargados deben vigilarlo mientras se bañan y ajustar la temperatura del agua para prevenir el riesgo de quemaduras. Y después de tomar una ducha la fase de secado es también imprescindible para prevenir los hongos. Los niños deberían entender la importancia de esta actividad y también acostumbrarse a tener su propia toalla de uso individual.

En su Método, María Montessori escribió sobre la importancia de velar por la higiene en sus centros: “en cuanto los niños llegan a la escuela hacemos una inspección de la limpieza. De ser posible, esto se hace en presencia de las madres pero cualquier llamado de atención no se hace directamente. Examinamos las manos, las uñas, el cuello, los oídos, la cara, los dientes; y se hace énfasis en el cuidado del cabello. Si cualquiera de los componentes del vestido está rasgado o manchado o roto, si los botones están caídos, o si los zapatos no están limpios, llamamos la atención del niño. De este modo, los pequeños se acostumbran a observarse y a interesarse por su aspecto”.

Sobre el baño también ella explicaba: “los niños en nuestras Casas se dan baños por turnos, pero esto, desde luego, no puede ser hecho diariamente. En la clase, sin embargo, el profesor, usando un pequeño lavabo con pequeñas jarras y baños, instruye a los niños en cómo tomar un baño parcial: por ejemplo, ellos aprenden a lavar a sus manos y limpiar sus uñas. A veces los enseñamos a lavar sus  pies, también sus oídos y ojos con mucho cuidado. También a cepillar sus dientes y bocas con cuidado. En estos procesos llamamos su atención a las diferentes partes del cuerpo que lavan, y a los materiales que usamos: agua limpia para los ojos, el jabón y el agua para las manos, el cepillo para los dientes”.

Y no podía fallar en su libro el entorno: “después de atender el cuidado de las personas, nos ponemos los delantales. Los niños para hacerlo se ayudan unos con otros. Entonces comenzamos nuestra visita del aula. Observamos si todos los materiales están en orden y limpios. El profesor muestra a los niños como desempolvar a fondo las pequeñas esquinas donde el sucio se ha acumulado, y les muestra cómo usar varios objetos necesarios en la limpieza de un espacio,  paños y cepillos de polvo, pequeñas escobas, etc. Todo esto, cuando se le permite a los niños hacerlo por sí mismos, se finaliza rápidamente”.

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